Giallo in rosso scuro
Guantes negros, cuchillos relucientes y una mente retorcida que envía pensamientos de muerte. Doce películas que definen y reinventan el subgénero más hipnótico del cine italiano, desde Bava hasta Cattet y Forzani.
Los maestros Bava y Argento
Los años setenta vieron nacer el giallo tal y como lo conocemos hoy. Dario Argento lo estableció como género con la llamada Trilogía Animal, tres películas rodadas en apenas dos años que fijaron para siempre sus códigos: el guante negro del asesino, el trauma del testigo que ha visto demasiado, la partitura obsesiva de Ennio Morricone. El Pájaro de las Plumas de Cristal (1970) abre la serie con un escritor paralizado entre dos puertas de cristal, imagen fundadora del subgénero entero.
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La investigación continúa al año siguiente con dos piezas complementarias. El Gato de las Nueve Colas (1971) reinventa el whodunit a través de la mirada imposible de un ex periodista ciego, con una escena de cementerio que se quedará en los manuales. 4 Moscas sobre Terciopelo Gris (1971) lleva el experimento hasta el delirio visual puro, apoyándose en la creencia pulp según la cual la retina conservaría la última imagen antes de morir. Su clímax en cámara lenta sigue siendo uno de los más cinematográficos de toda la filmografía argentiana.
Pero antes de Argento ya estaba Mario Bava, el verdadero padre espiritual del género. Rodada en Barcelona con reparto mixto italo-español, Un Hacha para la Luna de Miel (1969) rompe la regla cardinal del whodunit al revelar al asesino desde el primer minuto. Bava abandona el enigma para adentrarse en la psicología del crimen ritual, con un giro fantástico cuando el fantasma de la esposa muerta empieza a atormentar al modista psicópata. Laura Betti compone aquí una de las figuras femeninas más perturbadoras del horror europeo de los setenta.
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Rojo, Tenebre y Phenomena
A mediados de los setenta, Argento ya no inventaba el género: lo llevaba a su punto más alto. Rojo Oscuro (1975) es, cincuenta años después de su estreno, la obra cumbre del giallo. Un pianista inglés presencia en Roma el asesinato de una médium, y lo que cree no haber visto acabará condenándolo. La partitura de Goblin se vuelve referencia absoluta, el cuchillo y el guante negro adquieren dimensión mítica. Una generación entera de cineastas estadounidenses (Carpenter, De Palma, Romero) confesó haberse formado frente a esta película.
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Siete años después, Tinieblas (1982) funciona como espejo meta-ficcional del género: un escritor americano promociona en Roma su nueva novela cuando empiezan a suceder asesinatos idénticos a los descritos en el libro. Prohibida durante diecisiete años en el Reino Unido como video nasty, su plano secuencia con grúa Louma entró directamente en los manuales de cine. Muchos la consideran hoy la mejor película que Argento haya firmado, síntesis perfecta entre el enigma clásico y el delirio postmoderno.
Tres años más tarde llega la que es, según el propio director, su favorita. Phenomena (1985) lleva el giallo hacia territorios oníricos inéditos: una adolescente de catorce años interpretada por Jennifer Connelly se comunica telepáticamente con los insectos, un entomólogo en silla de ruedas la ayuda, una academia suiza sirve de decorado a una serie de decapitaciones. Banda sonora que mezcla Goblin con Iron Maiden y Motörhead. Sobre el papel, todo esto es absurdo; en pantalla, es mítico, y marca el último gran momento del género antes de su declive a finales de los ochenta.
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El neo-giallo más allá de Italia
El giallo clásico había muerto a finales de los ochenta, aplastado por el slasher americano y la crisis del cine italiano de género. Pero su iconografía siguió alimentando imaginarios. Antes incluso de su declive, Demencia (1979), firmada por Aristide Massaccesi bajo el alias Joe D'Amato, había empujado el género hacia la horrorxplotation más enfermiza: un taxidermista joven, una ama de llaves demente, el cadáver de la prometida conservado en casa. Donde Argento estilizaba, D'Amato registraba la descomposición corporal con crudeza casquera, apoyado por una partitura de Goblin psicodélica e infernal.
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Treinta años después, el subgénero renace en Bélgica gracias a Hélène Cattet y Bruno Forzani. Amer (2009) deconstruye el giallo y lo reconstruye como pura experiencia sensorial: tres etapas en la vida de Ana, tres miradas sobre el deseo y la muerte. El Extraño Color de las Lágrimas de tu Cuerpo (2013) prolonga la investigación con mayor radicalidad, transformando un edificio Art Nouveau bruselense en laberinto caleidoscópico que evoca a Argento, Lynch y Polanski a la vez. Dos cartas de amor eruditas al género, rodadas con el rigor de la cinefilia.
El siglo veintiuno sigue reinventando el giallo en cada continente. The Stylist (2020) marca el debut de Jill Gevargizian con una peluquera solitaria que colecciona cueros cabelludos en su sótano: paleta saturada, iluminación de discoteca giallesca, psicología del aislamiento femenino. Y desde Polonia llega Dead by Dawn (2025), firmado por Dawid Torrone: primer giallo polaco de la historia, homenaje declarado a Opera de Argento y a Stagefright de Soavi, con una máscara iconográfica de mil ojos. Cincuenta y cinco años después del Pájaro, el giallo sigue encontrando territorios nuevos por explorar.