Con amplia experiencia en la realización de videoclips, Emma Higgins se mantiene en el mundo de la música para su primer largometraje, en el que una adolescente lleva la adoración por su ídolo un poco demasiado lejos. Con esta historia de secuestro fanático, resulta imposible, por supuesto, no pensar en Misery, referencia indiscutible del género. Pero Sweetness evoca sobre todo la genial Der Fan de Eckhart Schmidt, con la que comparte el motivo de una admiración obsesiva llevada hasta la alienación total. La narración está perfectamente controlada, la tensión nunca decae y Higgins ofrece un retrato conmovedor de la adolescencia: el deseo de ser amada, la soledad y la cruda verdad como único lenguaje emocional posible. Más allá del entretenimiento lúdico, una tristeza sorda recorre así toda la película, impulsada en gran medida por la aguda interpretación de Kate Hallett.