Ni niñeras aisladas, ni llamadas anónimas, ni una silueta enmascarada acechando en la penumbra: aquí no hay revolución formal ni deconstrucción posmoderna en el horizonte. Este slasher reivindica frontalmente sus raíces y las asume con total aplomo. En una línea cercana a la saga Fear Street, el sólido artesano Brandon Christensen convoca los códigos del slasher clásico con un verdadero saber hacer. No busca redefinir el género ni comentarlo: apunta a ese punto dulce preciso donde la nostalgia se convierte en motor, donde cada asesinato se impone como una finalidad bruta, ritualista. Night of the Reaper es, en definitiva, como calzarse unas viejas pantuflas olvidadas en la casa de tus padres antes de bajar al sótano acondicionado. El olor de las palomitas se mezcla con el del polvo, introduces un VHS en el reproductor, la pantalla chisporrotea, cae la noche… Y, extrañamente, te sientes en casa.